Muchos visitantes creen que las aguas del Caribe tienen un tono distinto al resto de las playas que han visitado. Y sí. Tienen razón.

Sin embargo, el Caribe no es azul por un simple capricho turístico. De hecho, podríamos decir que la naturaleza se esmeró para encontrar los mejores colores para que el Caribe se viera de esa manera. Spoiler alert: no fue voluntario.

El color del agua del Caribe no tiene que ver con la temperatura, ni con las visitas, mucho menos con la cantidad de actividades acuáticas que se pueden desarrollar ni las selfies por kilómetro cuadrado.

La vida del Caribe es mucho más compleja.

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Regresando a tus clases de la primaria: la luz es blanca y se descompone al atravesar el agua. De esta forma, se pierden varios tonos (rojos, naranjas y verdes), por ello los azules y violetas son los que predominan en el mar.

Mientras más agua exista en un cuerpo de agua, más azul parecerá.

Esto se debe a que la cantidad de agua es tan grande que atrapa el resto de las tonalidades. Por ello el agua de la botella que te compras para tomar después de una caminata por la playa es transparente y hasta luce desangelada si la comparas con el increíble Caribe que tienes en el horizonte.

Sin embargo, hay materiales únicos en cada playa que contribuyen a absorber distintos colores de la luz: las conchas, la arena, las algas y los corales, todo influye para que una playa tenga un ADN distinto al de otra.

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La playa es un lienzo y la naturaleza la colorea a su manera, y sí, el del Caribe es único. ¿Aún no lo conoces? Ven, atrévete a visitarlo y descubrir un azul como nunca lo habías visto en tu vida.

 

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